Esa música, que dura un instante - y todos en uno -,
nos hace viajar graciosamente - y también olvidar -,
en aquel cuento maravilloso,
que va del hombre bipedo,
al hombre alado...
¿Quién, amigos, sino la música?
- Única en el arte de parir.
martes, 27 de diciembre de 2011
lunes, 26 de diciembre de 2011
El oficio del mono
Aquello por lo que los hombres
nunca rien.
Los encuentra
con el pecho inflado,
y a la vez arrodillados.
Las lágrimas de su corazón apagado.
Frente al orgullo,
digo más,
frente a lo más serio de la humanidad.
No puedo más que
lucir mi traje de mono.
Divino,
serio,
la cúspide:
carcajadas.
También hay algo de hechicero en el juego:
danzar con lo que no existe,
- aún.
Pero de pronto mi mono se aflige:
Mira hacia adelante y,
con los ojos vendados
camina en dos patas...
¿Habrá sido el sendero desviado?
¿Quién dice cuándo es demasiado tarde?
nunca rien.
Los encuentra
con el pecho inflado,
y a la vez arrodillados.
Las lágrimas de su corazón apagado.
Frente al orgullo,
digo más,
frente a lo más serio de la humanidad.
No puedo más que
lucir mi traje de mono.
Divino,
serio,
la cúspide:
carcajadas.
También hay algo de hechicero en el juego:
danzar con lo que no existe,
- aún.
Pero de pronto mi mono se aflige:
Mira hacia adelante y,
con los ojos vendados
camina en dos patas...
¿Habrá sido el sendero desviado?
¿Quién dice cuándo es demasiado tarde?
jueves, 22 de diciembre de 2011
El oficio
Justo choqué con uno de los sanos.
Farfullaba sin despegar los dientes.
Lejos de entender, sentí lo que decía.
Que existencia más repugnante:
confundía mundo con sistema.
Nosotros, los enfermos,
consideramos sacrílegas tales palabras.
La vida empieza con la muerte;
contra ellas sólo se pueden dos cosas:
amarlas.
Farfullaba sin despegar los dientes.
Lejos de entender, sentí lo que decía.
Que existencia más repugnante:
confundía mundo con sistema.
Nosotros, los enfermos,
consideramos sacrílegas tales palabras.
La vida empieza con la muerte;
contra ellas sólo se pueden dos cosas:
amarlas.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Nosotras
Las mulas caminan contra el viento.
Las mulas siempre tienen sed.
Las mulas beben cuando lloran.
Las mulas comen de las huellas (de la tierra).
Las mulas no tienen nombres.
Las mulas no rezan..
Las mulas espían con los ojos cerrados.
Las mulas conocen el límite de las palabras.
Las mulas tienen miles de voces.
Las mulas solo creen en el aire.
Las mulas saben lo que otras mulas piensan.
Las mulas no saben qué piensan,
(no saben, para qué piensan).
Las mulas dudamos con violencia.
Las mulas nos disfrazamos de esterilidad.
Nuestros hijos son invisibles - aun.
Las mulas bailan cuando todos duermen.
Las mulas no duermen,
Las mulas sueñan...
¡Rían hombres!:
Las mulas somos futuro, fruto y flor.
Las mulas siempre tienen sed.
Las mulas beben cuando lloran.
Las mulas comen de las huellas (de la tierra).
Las mulas no tienen nombres.
Las mulas no rezan..
Las mulas espían con los ojos cerrados.
Las mulas conocen el límite de las palabras.
Las mulas tienen miles de voces.
Las mulas solo creen en el aire.
Las mulas saben lo que otras mulas piensan.
Las mulas no saben qué piensan,
(no saben, para qué piensan).
Las mulas dudamos con violencia.
Las mulas nos disfrazamos de esterilidad.
Nuestros hijos son invisibles - aun.
Las mulas bailan cuando todos duermen.
Las mulas no duermen,
Las mulas sueñan...
¡Rían hombres!:
Las mulas somos futuro, fruto y flor.
Allende las montañas
¿Y por qué la ciudad nunca calla?
Porque nadie quiere oir su silencio de muerte...
El silencio de vida sopla con el viento alto,
seco y solitario.
Donde la luz de sol baña de frescura;
y bebemos de ella,
y calma la sed.
La ciudad, distinta del silencio,
nada tiene para decir,
por eso nunca calla.
Pero cuando lo hace,
llena el espíritu de vacío:
y el más miserable
se vuelve el alma más rica.
(Nada es eterno;
excepto nada)
Porque nadie quiere oir su silencio de muerte...
El silencio de vida sopla con el viento alto,
seco y solitario.
Donde la luz de sol baña de frescura;
y bebemos de ella,
y calma la sed.
La ciudad, distinta del silencio,
nada tiene para decir,
por eso nunca calla.
Pero cuando lo hace,
llena el espíritu de vacío:
y el más miserable
se vuelve el alma más rica.
(Nada es eterno;
excepto nada)
jueves, 24 de noviembre de 2011
martes, 15 de noviembre de 2011
Trivia democrática
Juanito, el hincha de Central, había ido a ver a su equipo a la cancha. Habia sido una noche agradable para Juanito, su equipo habia ganado. Lamentablemente, Juanito debió retirarse temprano de las inmediaciones del estadio porque debía trabajar. Por ello, 10 minutos antes de que finalice el encuentro, nuestro amiguillo se dispone a bajar. Pero, ¡Oh, no tan rápido compañero!, ¡las puertas están cerradas!
¿Por qué y por quién las puertas estaban cerradas? A las puertas las cierra la policía para que no haya disturbios entre los canibalescos, sicarios y salvajes hinchas argentinos. Decisión correcta la de las autoridades, ¡todo sea por el orden y la seguridad!
Juanito, conoce bien las reglas, pero está impaciente. Es que debe estar en el trabajo en unos minutos, y no puede faltar. Naturalmente, nuestro amiguillo piensa: "Hablaré con los policías, ellos también son humanos y trabajadores y si me escuchan, comprenderán mi situación y así abrirán las puertas para que yo pueda cumplir mis obligaciones laborales. Después de todo, no soy ningún violento y mi intención es ir a trabajar sin matar a ningún hincha visitante en el tramo"
Juanito va hacia los policías, éstos se encuentran uno al lado del otro, completamente armados y escudados. Se acerca, azarosamente a uno de ellos. Se le dificulta ver los ojos del policía, dada su estatura menor y el casco que le cubre toda la faz. Por ello decide inclinarse un poco y, finalmente, le dice: "Señor, debo estar en mi trabajo en unos minutos, ¿sería tan amable de abrirme la puerta?"
Silencio como respuesta. Juanito teme que, con el barullo de las tribunas, el hombre de azul no lo haya escuchado, por lo que, elevando los decibeles de su voz, repite la pregunta. Nuevamente, silencio como respuesta. Mientras espera que alguna palabra salga de la boca de lo que debería ser su interlocutor, nuestro amiguillo piensa que fue en vano inclinarse para ver los ojos del policía, ya que éste, evitaba mirarlo. Al no encontrar respuestas, Juanito piensa que este se trata en realidad de un policía tímido, por lo que decide recurrir a otro. Éste, aparentaba ser más desenvuelto, pues le hablaba a los demás policías mientras estos asentían. Además este no tenía casco protector, sólo una gorra. Sin embargo, ello no facilitó el contacto visual, ya que sus ojos estaban protegidos por unas oscuras gafas, seguramente para evitar la claridad de la noche. Este segundo policía, alto y de rasgos fuertes, mascaba robóticamente un chicle. Una vez cerca de él Juanito repite la pregunta una vez más:
- Señor, ¿me puede abrir la puerta? Es que debo estar en el trabajo en unos minutos.
- No puedo abrirle la puerta a nadie hasta que no se vayan los hinchas visitantes.
- Conozco las reglas, es para evitar que la hinchada local, inmensamente superior en número a la visitante, se dirija hacia ésta para asesinarla. Y me parece loable, señor policía, el asesinato no es bueno. Pero yo necesito ir a trabajar, le prometo que no asesinaré a nadie, que, por lo demás, es una práctica que no me apetece.
- No puedo abrirle la puerta a nadie hasta que no se vayan los hinchas visitantes.
Juanito pierde la paciencia, el diálogo parece alargarse y el tiempo pasa, cada vez falta menos para que deba estar en su trabajo. Sin embargo, no pierde los estribos e, intentando razonar con el hombre dice:
- Señor, le prometí que no voy a matar a nadie. Acaso usted cree que yo sería capaz.
- No.
- Bien, entonces, ¿por qué no me abre la puerta?
- Solamente cumplo órdenes.
- Pues sabe, yo también cumplo órdenes en el trabajo y en este momento, una de ellas es que me presente al mismo.
La respuesta del policía siguió siendo la misma. Se negó a abrirle la puerta a Juanito, quien llegó tarde a su trabajo y fue advertido en el mismo. Ustedes, mis queridos lectores, podrán decir: "Si tenía que ir a trabajar, por qué fue a la cancha?". Pues bien, déjenme decirles que ésta es una pregunta que también formuló el policía de de las gafas oscuras. Pero que no se juzgue a nuestro amiguillo prontamente: éste creía en vigencia una ley que permite el libre tránsito de las personas, y quiso ejercerla.
Como ya sabemos, esto fue impedido. Juanito pensó: "Algunas leyes a veces no funcionan".
Trivia:
¿Por qué Juanito no pudo cruzar la puerta, si tanto él como el policía cumplian órdenes?
a) Porque era un policía malo.
b) Porque el policía no sabía abrir la puerta.
c) Porque uno de los que cumplían órdenes estaba armado.
Los dejo pensando amiguitos, en el próximo número la respuesta!
¿Por qué y por quién las puertas estaban cerradas? A las puertas las cierra la policía para que no haya disturbios entre los canibalescos, sicarios y salvajes hinchas argentinos. Decisión correcta la de las autoridades, ¡todo sea por el orden y la seguridad!
Juanito, conoce bien las reglas, pero está impaciente. Es que debe estar en el trabajo en unos minutos, y no puede faltar. Naturalmente, nuestro amiguillo piensa: "Hablaré con los policías, ellos también son humanos y trabajadores y si me escuchan, comprenderán mi situación y así abrirán las puertas para que yo pueda cumplir mis obligaciones laborales. Después de todo, no soy ningún violento y mi intención es ir a trabajar sin matar a ningún hincha visitante en el tramo"
Juanito va hacia los policías, éstos se encuentran uno al lado del otro, completamente armados y escudados. Se acerca, azarosamente a uno de ellos. Se le dificulta ver los ojos del policía, dada su estatura menor y el casco que le cubre toda la faz. Por ello decide inclinarse un poco y, finalmente, le dice: "Señor, debo estar en mi trabajo en unos minutos, ¿sería tan amable de abrirme la puerta?"
Silencio como respuesta. Juanito teme que, con el barullo de las tribunas, el hombre de azul no lo haya escuchado, por lo que, elevando los decibeles de su voz, repite la pregunta. Nuevamente, silencio como respuesta. Mientras espera que alguna palabra salga de la boca de lo que debería ser su interlocutor, nuestro amiguillo piensa que fue en vano inclinarse para ver los ojos del policía, ya que éste, evitaba mirarlo. Al no encontrar respuestas, Juanito piensa que este se trata en realidad de un policía tímido, por lo que decide recurrir a otro. Éste, aparentaba ser más desenvuelto, pues le hablaba a los demás policías mientras estos asentían. Además este no tenía casco protector, sólo una gorra. Sin embargo, ello no facilitó el contacto visual, ya que sus ojos estaban protegidos por unas oscuras gafas, seguramente para evitar la claridad de la noche. Este segundo policía, alto y de rasgos fuertes, mascaba robóticamente un chicle. Una vez cerca de él Juanito repite la pregunta una vez más:
- Señor, ¿me puede abrir la puerta? Es que debo estar en el trabajo en unos minutos.
- No puedo abrirle la puerta a nadie hasta que no se vayan los hinchas visitantes.
- Conozco las reglas, es para evitar que la hinchada local, inmensamente superior en número a la visitante, se dirija hacia ésta para asesinarla. Y me parece loable, señor policía, el asesinato no es bueno. Pero yo necesito ir a trabajar, le prometo que no asesinaré a nadie, que, por lo demás, es una práctica que no me apetece.
- No puedo abrirle la puerta a nadie hasta que no se vayan los hinchas visitantes.
Juanito pierde la paciencia, el diálogo parece alargarse y el tiempo pasa, cada vez falta menos para que deba estar en su trabajo. Sin embargo, no pierde los estribos e, intentando razonar con el hombre dice:
- Señor, le prometí que no voy a matar a nadie. Acaso usted cree que yo sería capaz.
- No.
- Bien, entonces, ¿por qué no me abre la puerta?
- Solamente cumplo órdenes.
- Pues sabe, yo también cumplo órdenes en el trabajo y en este momento, una de ellas es que me presente al mismo.
La respuesta del policía siguió siendo la misma. Se negó a abrirle la puerta a Juanito, quien llegó tarde a su trabajo y fue advertido en el mismo. Ustedes, mis queridos lectores, podrán decir: "Si tenía que ir a trabajar, por qué fue a la cancha?". Pues bien, déjenme decirles que ésta es una pregunta que también formuló el policía de de las gafas oscuras. Pero que no se juzgue a nuestro amiguillo prontamente: éste creía en vigencia una ley que permite el libre tránsito de las personas, y quiso ejercerla.
Como ya sabemos, esto fue impedido. Juanito pensó: "Algunas leyes a veces no funcionan".
Trivia:
¿Por qué Juanito no pudo cruzar la puerta, si tanto él como el policía cumplian órdenes?
a) Porque era un policía malo.
b) Porque el policía no sabía abrir la puerta.
c) Porque uno de los que cumplían órdenes estaba armado.
Los dejo pensando amiguitos, en el próximo número la respuesta!
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