miércoles, 2 de septiembre de 2009

Datos útiles para la clase media que utiliza el transporte público

Cuando viajamos en colectivo suele darse la situación de que suba alguien con las características necesarias para brindarles el asiento. ¿Pero son esas personas verdaderamente merecedoras del lugar que uno está ocupando? ¿Es justo que sea YO quien le deje el asiento?

A continuación presentaré un instructivo para decidir correctamente si quien acaba de subirse al colectivo es digno de sentarse en mi lugar. Las situaciones pueden ir cambiando según las circunstancias, pero es una buena base para el bienestar de nuestro viaje. Las experiencias determinan que la mayoría de las veces quien sigue las instrucciones al pie de la letra se queda sentado.

Es importante tener en cuenta de que los pasos a seguir deben realizarse mental y rápidamente, y de lo posible sin ningún margen de error. Además, es necesario saber que el resultado puede hacer que nazca el llamado “cargo de conciencia”, por lo que nos dirigimos especialmente a las personas que tengan bastante desarrollado su egoísmo.

Cuando subimos al colectivo, luego pagar, es necesario analizar la cantidad de asientos vacíos y su distribución. Este primer paso es esencial y, en algunos casos, llega a ser el único. Hay que sentarse lo más atrás posible: las personas que necesitan los asientos no llegan hasta atrás de todo el colectivo, ya sea por incapacidad o porque algún solidario le cede su lugar en el camino.

Si tenemos que quedarnos parados, es claro que el instructivo no tiene sentido alguno, pero por las dudas recomendamos: pararse lo más atrás posible ya que en caso de que algún asiento se desocupe se puedan desarrollar el resto de los pasos a seguir.

El segundo paso es el del análisis de las personas que viajan paradas para decidir si uno debe o no brindarles su propio lugar (obviamente en caso de haber conseguido un asiento). Utilizaremos como instrumento de comparación y medición “1 futuro”: yo, un joven, soy un futuro.

La idea al comparar los futuros entre uno mismo y la persona que viaja parada es deducir, en caso de, por ejemplo, algún accidente o de que el chofer frene de golpe, quién merece estar más o menos seguro y quién puede salir más o menos perjudicado. Al realizar esta comparación, hay que tener en cuenta la edad, las capacidades, las discapacidades, etcétera; es decir, todas aquellas características que puedan observarse a primera vista.

Adjuntamos un análisis de personas según la edad como ejemplo de este segundo paso:

-Los bebés: están acompañados por su madre. Tenemos, entonces, 2 futuros. Al ser 1 futuro menor a 2 futuros, les dejo el asiento.

- Niños: si ya puede caminar y es menor de 11 años (aproximadamente), tienen menos capacidad que yo para sostenerse, siendo así un futuro con ventaja y merecedor de mí asiento.

-Pre-adolescentes: son, desde nuestro punto de vista, niños, pero niños grandecitos que pueden sostenerse, por lo tanto, son un futuro como yo. Como a mi me interesa que yo este cómodo y no ellos, el asiento es para mi.

La misma situación se da con los adolescentes y adultos, a no ser que dichas personas se encuentren en circunstancias especiales, tales como llevar muchas cosas o ser discapacitados/as. Este es el claro caso de un futuro con dificultad contra un futuro normal. ¿Conclusión? Les doy el asiento.

-Ancianos: a las personas de mayor edad hay que dividirlas en “se sostienen” o “no se sostienen”. Y tener dos cosas en cuenta: no son un futuro tan importante como nosotros los jóvenes y todo el mundo les da el asiento.
Si la persona se sostiene, que se olvide de sentarse (futuro corto contra futuro largo).
Si no se sostiene, hay que medir a qué distancia nos encontramos de los asientos reservados: podemos estar en el sector “adelante” del colectivo (aproximadamente las primeras 4 filas). Sentados allí, es claro que por la reglamentación del medio de transporte público hay que darles el asiento. Ahora, si estamos sentados atrás, podemos respaldarnos en las siguientes ideas: “yo también quiero estar sentado”, “no son asientos reservados”, “¿por qué tengo que dejarles YO el asiento?”.

-Las embarazadas: podrían verse como dos personas, lo que sería entonces, dos futuros merecedores del asiento. Pero en este caso hay que tener en cuenta dos cosas, más aún cuando el egoísmo logra dominarnos: al usar la medida “futuro”, podría decirse también que medimos por tiempo. Por lo que vale más una panza chiquita (más futuro), que una grande, aunque ésta luzca más incapacitada. Es, además, de suma importancia para el respeto hacia la otra persona, nuestra comodidad y nuestra integridad física, no confundir panzas chicas con chicas rellenitas, y menos aún, panzas grandes con chicas rellenitas (o no tanto).

Finalizado el segundo paso, los siguientes son fáciles y no demandan muchos esfuerzos:

-Si tengo que dejar el asiento, no hay nada mejor que una sonrisa y un “¿quiere sentarse?” (Además, puede existir la posibilidad de tener como respuesta un “no, está bien”). Una vez parado, recomendamos dirigirse a la parte de atrás del colectivo para intentar comenzar de nuevo.

-Si tengo que dejar el asiento pero las ganas de estar sentados superan a las propuestas de este instructivo, recomendamos: hacerse el dormido o el distraído, mirar por la ventana, fingir hablar por celular o mandar mensajes, escuchar música (lo que llevaría a la distracción), leer, etcétera.

-Si no tengo que dejar el asiento: disfrutar.

1 comentario:

chulainas o chuls dijo...

tambien hay que tener en cuenta el calzado de las personas, especialmente si son de avanzada edad, dado que si tienen zapatillas comodas y aun asi se tambalean merecen que se les ceda el asiento. Si en cambio su calzado no es comodo (ej: zapatos de taco alto) estamos ante un hipocrita, si realmente tiene problemas para sostenerse jamas usaria un calzado tan inestable.